Si entras en Cafetería Savinel y miras hacia la columna oscura que hay junto a la barra, verás dos frases escritas a mano en tiza blanca:
«Eres lo que comes. ¿Qué te gustaría ser?»
No es una cita de nadie famoso. No la copiamos de Pinterest. Está ahí porque un día alguien la escribió y decidimos no borrarla.
La primera parte es vieja
«Eres lo que comes» es una idea que lleva siglos dando vueltas. La han dicho filósofos, médicos y abuelas. A base de repetirla, se ha quedado en un lugar incómodo: suena a consejo de nutricionista, a algo que te dicen cuando has hecho algo mal.
Nosotros no la entendemos así. No va de culpa. Va de que lo que comes cada día, casi sin pensar, acaba construyendo cómo te sientes. Y lo que comes cada día, casi sin pensar, es exactamente lo que se toma en una cafetería de barrio.
La segunda parte es la que importa
«¿Qué te gustaría ser?» Esa es la pregunta que cambia todo el asunto.
Porque no está diciéndote que comas ensalada. Te está preguntando qué quieres. Y la respuesta puede ser perfectamente «hoy me apetece una berlina». También eso es una respuesta legítima.
La frase no juzga. Solo te invita a que, por un segundo, lo elijas de verdad en lugar de hacerlo en automático.
Qué significa eso en nuestra carta
Intentamos que en Savinel siempre puedas elegir de verdad. Eso implica tener cosas de ambos lados:
- Bollería y berlinas, porque a veces el día pide azúcar.
- Fruta fresca y copa de fruta con yogur, porque otras veces pide justo lo contrario.
- Zumos exprimidos al momento, no de brick.
- Bocadillos en pan de semillas.
- Leche de avena y de soja por solo 0,10 € más, para que quien no puede o no quiere leche de vaca no lo tenga más difícil.
Si solo tuviéramos bollería, la pregunta de la pizarra sería una broma. Si solo tuviéramos fruta, sería un sermón. Teniendo las dos cosas, es una pregunta de verdad.
Tampoco somos una cafetería «healthy»
Queremos dejar esto claro, porque es fácil malinterpretarlo. No somos un sitio de superalimentos ni vamos a decirte lo que tienes que tomar.
Servimos café, cerveza, refrescos y berlinas azucaradas. Y nos parece bien. Una cafetería de barrio que te hace sentir culpable por pedir un croissant no es una cafetería de barrio: es otra cosa.
Lo único que intentamos es que, si un día te apetece cuidarte, no tengas que irte a otro sitio para hacerlo.
Por qué está escrita a mano
Podríamos haber puesto un cartel bonito, impreso, perfecto. Pero está en tiza, con la letra que salga, en una columna pintada de pizarra.
Nos gusta porque se puede borrar. Porque no es una declaración solemne, es algo que está ahí de momento. Como el cartel de «Abierto» bordado a mano que colgamos cada mañana en la puerta, o como el reloj con nuestro logo que hay justo encima de la frase.
Son detalles pequeños y hechos a mano. Es un poco lo que somos.
Ven a leerla en persona
Está en la columna, a la izquierda de la cafetera. Debajo tenemos un par de estantes con botellas y, si miras hacia arriba, el reloj de Savinel.
Pide lo que te apetezca. De verdad. La pregunta no tiene respuesta incorrecta.
