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Matcha latte: qué es, a qué sabe y por qué engancha

Hace unos años casi nadie lo pedía. Hoy el matcha latte es una de las bebidas que más ha crecido en nuestra carta. Si nunca lo has probado y te da respeto ese color verde intenso, esto es para ti.

Qué es el matcha

El matcha es té verde, pero no un té verde cualquiera. La diferencia está en dos cosas: cómo se cultiva y cómo se consume.

Las plantas se cubren durante las últimas semanas antes de la cosecha para reducir la luz solar directa. Eso hace que la planta produzca más clorofila —de ahí el verde intenso— y más aminoácidos, que aportan dulzor y ese sabor característico llamado umami.

Después, las hojas se secan y se muelen hasta convertirse en un polvo finísimo. Y aquí está la clave: cuando tomas matcha no estás bebiendo una infusión, estás bebiendo la hoja entera en suspensión. Con un té normal, las hojas se desechan; con el matcha, te las tomas.

A qué sabe

Seamos honestos: el matcha no sabe como un té verde suave. Tiene cuerpo, un punto vegetal y un amargor limpio al final. Cuando es bueno, ese amargor es agradable y va acompañado de un dulzor natural. Cuando es malo, resulta áspero y polvoriento.

Con leche, todo se redondea. La grasa de la leche suaviza el amargor y realza la parte más cremosa. Por eso el matcha latte es la puerta de entrada perfecta: es mucho más amable que el matcha tradicional preparado solo con agua.

La cafeína del matcha es distinta

El matcha tiene cafeína, bastante. Pero la sensación no es la misma que la de un espresso, y la razón tiene nombre: L-teanina, un aminoácido presente en el té.

La L-teanina modula el efecto de la cafeína. En lugar del subidón rápido y la bajada del café, el matcha da una energía más plana y sostenida, con una sensación de concentración tranquila. Dura más y suele sentar mejor a quien el café le pone nervioso.

Por eso mucha gente que ha dejado el café por la tarde ha acabado en el matcha.

Cómo lo preparamos en Savinel

El matcha tiene una manía: se apelmaza. Si echas el polvo directamente en la leche, te quedan grumos y una textura arenosa. Estos son los pasos que seguimos:

  • Tamizamos el polvo para romper los grumos antes de nada.
  • Agua caliente, no hirviendo. El agua a 100 °C quema el matcha y lo vuelve muy amargo. Alrededor de 80 °C es lo suyo.
  • Batimos bien hasta que no quede ni un grumo y aparezca una capa de espuma fina.
  • Añadimos la leche texturizada por encima.

Es un par de minutos más de trabajo que un café con leche, pero la diferencia se nota en el primer sorbo.

Con leche vegetal

El matcha y la bebida de avena se llevan especialmente bien: el dulzor natural de la avena compensa el amargor del té sin necesidad de añadir azúcar. Es, probablemente, la combinación que más recomendamos a quien lo prueba por primera vez.

También puedes pedirlo con soja, que es más neutra y deja el matcha más protagonista.

Cuándo tomarlo

A media mañana funciona muy bien como alternativa al segundo café. Y por la tarde es ideal si quieres algo que te active sin quitarte el sueño.

Nuestro matcha latte está a 2,00 €, y con leche vegetal a 2,10 €. Si nunca lo has probado, pídelo y nos cuentas.

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